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COMENTARIOS................ .Comenzamos en la T-4 del Aeropuerto de Barajas, a las 13.30hs. Con el pasaje a las 15´00hs nos embarcamos en un avión de la Cia. Air Nostrun, y si el trayecto fue bueno, el aterrizaje en Estrasburgo, nos puso a todos un poco nerviosos, sin embargo no puedo decir lo mismo el regreso: desde el despegue hasta el mismo aterrizaje todo muy bien; Cia. Iberia. Equipaje en el autobús y llegada a Hotel Central, en Friburgo. Hotel cómodo, con encanto y muy mimado por los empleados. El Rte. –pequeño- , muy bien atendido. La vajilla al igual que el resto de los complementos utilizados en el servicio no tenía desperfectos o esos leves picotazos que la hiciera desagradable, las mesas estaban vestidas. Los servicios (desayuno y cena) ofrecidos a lo largo de estos días fueron del agrado de todos.
Primer día.- Conocimos a la guía que nos acompañaría durante nuestra estancia en Alemania, se llama Guísela. Amable comprometida, comprensiva, conocedora en profundidad de su trabajo nos dio todo lujo de detalles por aquellos lugares que fuimos visitando. Comenzamos el tour viendo -desde la ventana del Bus-, el verdor de los campos y con esa primera estampa llegamos a Neuf Breisach, donde se hizo la visita panorámica de la ciudad y su construcción defensiva levantada por Luis XIV . Atravesamos el rio Rhein, para adentrarnos en Colmar (Francia) y recorrer las calles flanqueadas de viviendas repletas de color e historia en sus fachadas al alcance de las cámaras fotográficas. Calles empedradas, flores adornando cada rincón de la ciudad, vigas de madera sujetando las casas centenarias, visillos de encaje tras los ventanales…etc.; mucha vida comercial clásica y terrazas atestadas de clientela buscando ese momento de relax frente a una bebida caliente o fría acompañada de conversación. Tras un largo recorrido nos sentamos a la mesa de uno de sus Rtes. que lleva por nombre Meisterman, y como estaba pactado la bebida no está incluida por lo que tuvimos que pagar en nuestra mesa 32´40 € (4 cervezas de o´75 y 2 L. de agua) Habiendo repuesto fuerzas, tomamos nuevamente la carretera para acercarnos hasta Riquewihr. La parada fue breve pero desde luego que mereció la pena. La ciudad, que durante la contienda mundial fue respetada por diferentes motivos hoy se nos presenta con toda su historia-colorido-trazado, para el disfrute de los miles de visitantes que diariamente contemplan cada rincón que encaja en su viejo puzle. Rincones escondidos en los centros históricos de las ciudades se van descubriendo, y como no podía ser de otra manera, no pasan desapercibido las torretas-bunker y otros elementos constructivos que afloran muy levemente sobre este campo tapizado de verde y esto no es otra que la Línea Maginot, construcción defensiva importante en la 2ª G. Mundial. Retomamos la carretera, pero esta vez para regresa al hotel. Llegamos (caída la tarde) a Freibourg, donde Guísela nos guió por sus calles descubriéndonos esa historia escondida a los ojos del turista.
Segundo día.- Diana a las 06´00hs., desayuno y…., por delante 200 kms. hasta llegar a Heidelberg. Una ciudad poderosa nos presenta su imponente castillo y el Rio Neckar, la recorre a sus pies. Muy lentamente ascendimos hasta el paraje donde se sitúa el esqueleto del que fuera una enorme fortaleza comenzada su construcción en el S.XIII y donde se puede contemplar, entre otros detalles, inmensos toneles destinados en su momento a contener gran cantidad de vino. Sus ruinas son el símbolo de la época del romanticismo Alemán. Paseo por la ciudad y desde su viejo puente peatonal (Alte Brücke) los participantes en este viaje le/se dedicaron cantos, risas, bailes a esta ciudad. Un mercadillo permanente, repleto de artesanía y anexionado a los muros su iglesia del Espíritu Santo, hace que por unos instantes te imagines ese mundo medieval perdido. La siguiente parada se realizó en Baden-Baden. Ciudad llena de lujos allá donde pones los ojos. Lujo en sus jardines, vida en las calles, en sus escaparates. Ciudad de recreo para las familias de rancio abolengo, reyes, políticos ilustres…etc. Ciudad balneario recorrida por el rio Oos.
Tercer día.- En este caso tomamos dirección a Suiza para visitar las ciudades de Lucerna y Zúrich. Lucerna, nuestra primera visión fue su lago que al comenzar nuestro paseo aparecieron otros elementos arquitectónicos como puede ser: la puerta de la estación de ferrocarril único elemento que quedó en pié tras el incendio del edificio; el puente Kapellbruck sobre el rio Reuss, edificios clásicos y otros de origen medieval, plazuelas o iglesias. A todos nos sorprendió sus puentes medievales techados con pinturas realizadas sobre madera y que representan la/su vida cotidiana. La lluvia nos acompañó un buen trecho del recorrido. En Zúrich es una ciudad comercial con su importancia por todos conocida: financiero. La comida la hicimos en un hotel lejos de la ciudad y como no podía ser de otra manera nos llovió.
Cuarto día.- La ruta hoy tomaba una nueva dirección: Lago Constanza. Después de un desayuno lleno de hidratos, fruta, café o Tea….., pasamos a la acción. Atravesamos el Parque Natural de la Selva Negra. Hacemos una parada para fotografiar el monumento dedicado a un ciervo que (según cuenta la leyenda) salvo su pellejo al saltar al otro lado del desfiladero mientras era perseguido por un cazador. Éste desfiladero -nos hace referencia Guísela- antiguamente era muy estrecho, continuó hablando del lugar dado muchos detalles no solo de ahí, sino también de la madera, sus habitantes, la construcción, medio de subsistir, deportes y otras actividades en función de la estación y continuó hablando hasta que llegamos al Lago Titisee. Nos paramos a ver el entorno y el momento adecuado para hacer las compras adecuadas y tazas, cucos, colgantes, cerámicas…etc. fueron llenando los huecos del interior del bus. Retomando la ruta y la lluvia vuelve a acompañarnos en el momento de detenernos frente a las cataratas de Río Rhein. No son excesivamente espectaculares en altura pero como no podía ser de otra forma nos sorprendió su caudal. Breve sesión fotográfica y hasta el Lago Constanza ya no hay parada. Al llegar nos fuimos directamente al Rte. que se encuentra frente al lago. Al término de la comida un paseo a lo largo de su orilla para llegar al bus, embarcarnos en un transbordador para cruzar a la otra orilla y de regreso a Friburgo.
Quinto día.- Desayuno, preparación de equipaje y un adiós con el corazón a esta ciudad, Friburgo. Tras una hora de viaje llegamos a Estrasburgo. Si en un principio se nos antojó como una continuación de las ciudades nuevas (en expansión constructivamente hablando) que todos conocemos, pero no puedo decir lo mismo a medida que nuestra guía local Alma, nos fue adentrando entre su maravilloso casco histórico. Desde el autobús comenzamos en primer lugar a ver los barrios Alemán o Francés. Éstos están bien diferenciados por sus construcciones y diseño que forman la principal atracción turística, pero sin olvidar sus edificios administrativos Europeos. Posteriormente realizamos una segunda vista a pie, concluyendo la misma en la Catedral de Notre Dame de Estrasburgo. Tocaba comer y lo hicimos en el Rte. Au Pont San Luis, donde su ubicación pegada al Rio Rhein, hace del entorno una fotografía de ensueño y su comida servida en altura con vista al exterior supo de otra manera. Hemos terminado y todas las emociones gravadas durante estos días en nuestras saturadas retinas las hemos adaptado a formato rectangular y de asequible almacenamiento. Si al comienzo de este relato hablaba de la guía Guísela, no puedo olvidarme del conductor C. Thiede, que en todo momento nos condujo hasta el lugar convenido sin sobresaltos y su amabilidad quedó patente. Volvemos al inicio de nuestro viaje, el aeropuerto, y a la espera de recoger los equipajes, en las conversaciones nuevamente afloran los detalles de esta nueva gira. Despedidas, parabienes y todos los buenos deseos que uno entiende ante el momento de los que durante una semana ha convivido intensamente, se fueron depositando en abrazos o convirtiendo en besos. No puedo olvidar que a lo largo y ancho de nuestro recorrido, hubo momentos de alegría contagiada por el grupo folclórico “Las chicas del coro”, que agrupadas en los primeros asientos nos dieron buena cuenta de su facilidad de entonación, coordinación y mucha marcha que llevaban de su cuerpo, en su alma. Nos dedicaron canciones y algunas fueron repetidas a petición de los oyentes y admiradores que las seguíamos allá donde ellas fueran.
Eugenio Mingo. |